Adolfo Revuelta

Escultor Palentino

Biografía

Cuando tengo que presentar mi obra me pregunto, en qué momento inicio mi andadura por el mundo del arte.

Hay una situación concreta donde se produce de forma fortuita el contacto con la  escultura: es aquella noche en la que un soñador llamado Adolfo Revuelta que se encuentra cumpliendo la aburrida tercera imaginaria de un servicio militar obligatorio.

En aquel tipo de servicio, el tiempo para la ensoñación y el pensamiento, era un recurso para vivir fuera de aquella situación. Así pude imaginar un trabajo escultórico para llevar a una exposición conjunta realizada por los asistentes a un curso de soldadura, impartido por el P.P.E.(Promoción Profesional en el Ejército).

Tradición escultórica

Es el hierro el protagonista principal

La necesidad de completar la formación profesional de Maestría Industrial acabada poco tiempo antes en Valladolid, hizo que conectara sin saberlo, con una tradición escultórica muy característica de nuestra tierra, la que va de Gargallo y Julio González a Chillida y tantos otros importantes, que consiste en el trabajo de forjado y ensamblado de metales. 

Relación directa con la Escultura

Aunque la relación directa con la escultura se produjo de una forma un tanto azarosa, no es menos cierto, que ya de niño, había venido manteniendo una línea continua en la práctica del dibujo, en lo que siempre destaqué con respecto a los demás compañeros de instituto. En muchas ocasiones era refugio frente a los fracasos en otras materias que no entendía ni quería entender.

Cuando en el período de formación profesional comienzo a descubrir el valor de otros conocimientos, no por eso dejo de practicar con asiduidad el dibujo artístico tratando incluso, como autodidacta, de seguir un método de estudio sobre dibujo y pintura. 

 

El barro también fue material apreciado y satisfactorio, así como la “construcción” con otros materiales.

Mi deseo de estudiar Bellas Artes se veía truncado por mi timidez y porque para la vida “eran más importantes las matemáticas”. Con esta máxima y otras semejantes que se me planteaban, no era posible ni siquiera conocer la escuela de Artes y Oficios, mucho menos Bellas Artes que eso era para personas especiales.